La boda de Eduardo y Sara fue una celebración profundamente estética, serena y llena de significado. Un día en el que cada elemento estaba pensado para convivir en armonía, sin estridencias, dejando que la belleza surgiera de la coherencia y los detalles.
La inspiración bebía de lo clásico y lo natural: mesas vestidas con tonos neutros, centros florales orgánicos, frutas que aportaban textura y color, papelería ilustrada creada especialmente para ellos y una puesta en escena que dialogaba con el entorno histórico del espacio. Todo estaba conectado, desde el seating plan hasta la decoración del banquete, creando una narrativa visual elegante y muy personal.
Eduardo y Sara confiaron en nosotros para acompañarlos en todo el proceso, desde la conceptualización estética hasta la coordinación completa del día. Nuestro objetivo fue que vivieran su boda con calma, sabiendo que cada momento, cada transición y cada detalle estaban cuidados al milímetro.
El resultado fue un día lleno de emoción, belleza y naturalidad. Una boda que no necesitó artificios para brillar, porque cuando todo está bien pensado, simplemente fluye.































